Jueves de torrijas

-¡Pero este es el último año que hago torrijas! Que me canso mucho y me quedo con la espalda destrozada.

El año pasado mi abuela volvió a zanjar el asunto de las torrijas como todo los años, diciéndonos que era el último que nos hacia las torrijas y que no insistiéramos para el siguiente.

-Que sí abuela, que sí, el año que viene lo discutimos.

Mi abuela solo hace torrijas en jueves santo, por lo visto el resto del año pues no es lo mismo, así que las esperamos como agua de mayo, pero por semana santa. Porque las torrijas de mi abuela son las mejores que he probado, y he probado unas cuantas, pero las de mi abuela tienen un no sé qué, que están que te mueres de buenas y además sólo las comemos una vez al año. Yo creo que con el roscón de reyes, es mi dulce preferido, y me parece a mí que es por lo mismo, porque son una vez al año y eso los hace especiales.

Más o menos cuando acaba carnaval yo empiezo hablarle a la abuela de las torrijas:

-Ya no queda nada para las torrijas… ¡Qué ganas!

-¡Qué no! Que ya os dije el año pasado que era el último, que me canso mucho, este año que las haga tu aita.

-Pero abuela, las tuyas son más ricas… anda venga…

-¡Qué no!

Y es cuando la prudencia te dice que pares de presionar, pero ha comenzado la guerra psicológica, que consiste más o menos en decirle que son las mejores del mundo y que quiero torrijas y que así pasamos la tarde de jueves santo en su casa como todos los años, y que joe, pues que yo quiero!!!

Conforme se va acercando el día, yo voy insistiendo…

-Abuela torrijas….

Y su respuesta es invariable:

-¡Que no! Que el año pasado fue el último…

Y mi abuela puede luchar contra su nieta mayor (aquí la que escribe) pero poco a poco se van aliando más, mi tío el pequeño se lo recuerda como quien no quiere la cosa…

-Ya no queda nada para las torrijas…

Y nada, la abuela no cambia la respuesta:

-¡Que no! Que el año pasado fue el último…

A pocos días de jueves santo, la guerra psicológica para conseguir las torrijas alcanza su momento álgido… Y las armas de las que disponemos son definitivas. De nuestro lado y a favor de las torrijas están mis dos primas txikitas y las más guapas de todo el mundo y sus alrededores… Y pillamos por banda a la abuela las tres… y la abuela es una cabezota y conmigo aun resiste un poco pero poco… pero con las tres, es más complicado porque claro, nosotras a nuestro favor tenemos que sabemos que somos su debilidad… Y atacamos sin piedad…. Primero yo, que para eso soy la mayor…

-Abuela, la semana que viene toca torrijas….

-¡Que no nena, que ya te dije que esté año no! –Pese a que soy la mayor de las primas con una diferencia enorme, sigo siendo la nena de la casa y eso no se cambia ni queriendo, que por otro lado no quiero…

Pero el contra ataque viene de la mayor de las txikitas, que encima se llama como mi abuela y eso pesa…

-Jo abuela, pero yo quiero torrijas de las tuyas…

-¡Qué no!

La txikita no se queda atrás, y encima con lo zalamera que es….

-Anda abuela… haz torrijas….

-¡Que no!

Y yo vuelvo atacar…

-Pero abuela como nos vas a dejar sin torrijas a tus nietas….

-¡Mira que sois pesadas, que he dicho que no y es que no!

Y se zanja la cuestión, porque mi abuela algo cabezota ya es ya…. Pero yo no pierdo la esperanza y espero que algo haya calado la guerra psicológica…

Ayer baje a comer a casa de la abuela…

-Ya he comprado el pan para hacer las torrijas nena… -Jijiji! ¡Lo sabía! – ¡Pero este año es el último eh!

Y no me molesto en contestar, porque el año que viene ya veremos que pasa, porque ya he perdido la cuenta de los años que lleva mi abuela diciendo que no vuelve hacer torrijas, que ya está cansada.

Y esta tarde me bajo a casa de la abuela a atiborrarme de torrijas ricas, que una vez al año no hace daño, y las que sobren, me las subo para desayunar mañana…