Soy monitora de danza

Cuando acabé octavo de EGB me toco decidir que estudiaría después, la única condición que me pusieron mis padres fue que siguiera estudiando en euskera, por lo demás podía elegir lo que me diera la gana. Así que después de cambiar de idea como dos o tres millones de veces empecé FP de administrativo. Cinco años más tarde (la antigua FP constaba de dos partes, FP1 dos cursos y FP2 tres cursos) salí del instituto con el título de Técnica especialista en administración y finanzas y decidida a no ejercer de administrativa en mi vida, porque la idea de encerrarme en una oficina y pelearme con un ordenador y la contabilidad me ponía los pelos de punta. Y no porque se me diera mal, la verdad es que mis notas eran muy buenas y me saque el titulo sin ningún tipo de esfuerzo (exceptuando la dichosa mecanografía que arrastré durante los cinco años convirtiéndose en mi calvario personal), pero la idea de hacer día tras día lo mismo, sentada en una oficina, relacionándome solo con mis compañeros de trabajo por muy maravillosos que me tocaran, me parecía muy triste (sin embargos compañeros de mi promoción trabajan hace años como administrativos y tan contentos, para gustos los colores o las profesiones). Por suerte, a día de hoy me he podido librar de trabajar como administrativa.

Trabaje como camarera durante unos años, y la verdad, me gustaba eso del trato con la gente y que aunque el trabajo seria siempre el mismo, a la vez cada día era diferente. Mientras tanto compaginaba mi trabajo con voluntariado en una asociación juvenil de mi barrio enseñando danzas a niños y adolescentes. Gracias a ese voluntariado me ofrecieron el curro donde estoy hace 5 años, monitora de danzas en la escuela pública en euskera. Este trabajo me encanta por varias razones; no son demasiadas horas semanales por lo que me permite estudiar por fin la carrera que siempre he querido Historia, y además me pagan lo suficiente como para vivir bien. Pero lo mejor de lo mejor es trabajar con niños cada día, algunos me diréis que hace falta mucha paciencia, es cierto, pero bastante menos que para soportarnos a los adultos cuando somos clientes de algún servicio. Y decirme, ¿qué trabajo te da las ventajas que os voy a enumerar? Atentos:

1. Lunes, día odiado por todos se convierte en un día genial, cuando te mueres de la risa con una cría de 10 años que se dedica a escribirte mensajes en la mano para que los leas, a lo que tú, claro, contestas escribiéndote en la mano la respuesta y te pegas una hora enseñando la mano en vez de hablar y partiéndote de la risa. El odiado lunes se convierte en un día mejor.

2. Llegas a tu puesto de trabajo sabiendo que te esperan un montón de besos, abrazos y sonrisas.

3. Un día cualquiera y sin venir a cuento, alguno te suelta “Pero que guapa estas hoy!” o “tú eres más maja que (pon el nombre de cualquier profe)” y claro, te da un subidón!

4. Cuando te los encuentras por la calle pueden pasar dos cosas, que se mueran de la vergüenza (pocas veces pasa) o que se abalancen sobre ti y se alegren un montón de verte. (Tener en cuenta, que soy monitora de danzas y no profe, y que les gusta bailar. Con eso ganas puntos).

5. Aprendes que el mayor de los enfados y rabietas en dos minutos puede dar paso a una risa con un abrazo y un beso. Y que se vive mejor así sin ser rencoroso.

6. No tienen todavía las tonterías de los mayores y son capaces de mostrar sus sentimientos sin ninguna vergüenza o miedo a ser juzgados. Besos, abrazos, sonrisas, llantos o chillos de rabia por doquier en menos de 10 minutos.

7. Siguen queriendo saberlo todo y lo mejor, preguntan cualquier cosa que no les cuadra, y piden explicaciones por todo hasta que dan por saciadas su curiosidad (esto puede llegar a cansar en la fase, ¿y por qué?). ¿Será que nosotros estamos saturados de información que no preguntamos o nos dará vergüenza no saber o entender de algo? Bueno, no es mi caso, yo suelo preguntarlo todo…

8. Me sorprenden cada día, en lo malo (las menos veces) y en lo bueno la mayoría de las veces.

9. Sueñan despiertos con cosas imposibles que todavía creen que conseguirán, no existen las palabras “imposible” o “pero” en su vocabulario y por eso son más valientes que nosotros (tal vez más inconscientes también).

10. No hacen planes a largo plazo, el verano es algo lejano que llegará, el fin de semana aún está muy lejos, por eso disfrutan cada día como si fuera único.

11. Ponen ilusión en cada pequeña cosa que hacen y te enseñan a gozar de cualquier cosa por insignificante que sea.

Podría seguir hasta el infinito, pero os hacéis a la idea de todo lo que aprendo y disfruto cada día con ellos. No sabéis como me alegro de no haber cogido ninguno de los trabajos de administrativa que me han ofrecido, seguramente mis días serían mucho más aburridos de lo que son ahora. No voy a negaros, que hay días en que quisieras encerrar alguno en una habitación y tirar las llaves al océano, pero la verdad es que incluso esos días, salgo con una sonrisa del trabajo.