Gisselo

 

Como he comentado en varias ocasiones, comparto piso con otras tres personas. En total somos cuatro en el piso. Aunque eso no es exactamente así. En realidad somos cinco, solo que el quinto es un fantasma.

fantasmasVale, ¿no os lo creéis? Pues tiene hasta nombre Gisselo y su propia habitación. Claro que su habitación, la usamos de cuarto de invitados y de despensa, creemos que no le importa. Reconozco que estos datos no demuestran nada, pero ahora voy con los hechos que demuestran su existencia.

Ahora hará un año que vinimos a vivir aquí. A las pocas noches, nuestra compi la chiquita, juró que había oído pasos por el pasillo y las escaleras, nos reímos de ella y ahí quedo el tema. Poco después, otra noche desaparecieron los macarrones que habían sobrado de la cena, misterio, ninguno de nosotros admitió habérselos comido. Justo en ese momento empezamos a sospechar que no estábamos solos en la casa, pero no le dimos mayor importancia, incluso bautizamos a nuestro inquilino fantasma, el nombre elegido, Gisselo, se lo pusimos en honor de nuestra casera. Durante un mes, la única forma de manifestarse era abriendo puertas cuando le parecía, un poco molesto porque teníamos que andar cerrándolas. Un día se dedico a jugar con la luz de la cocina mientras cenábamos, la luz se apagaba y se encendía como en una discoteca, la cena fue súper divertida, como os podéis imaginar, y aunque apretamos la bombilla y más tarde la cambiamos, siguió apagándose y encendiéndose durante unos días, hasta que por lo visto se cansó y volvió a funcionar perfectamente. Pero a Gisselo le gustó lo de jugar con las luces y esta vez probó con las del piso de arriba. Fundió las tres bombillas del pasillo a la vez, cosa que ya no nos hizo tanta gracia porque saltó el automático y todo. Y aunque las cambiamos, no volvieron a funcionar. Nosotros muy prácticos, llamamos al electricista a ver si era la instalación, pero no encontró nada, todo perfecto, es más, las tres bombillas volvieron a funcionar por arte de magia. Ni el electricista se lo explicaba. A esas alturas, nosotros estábamos convencidos de que Gisselo era el culpable de todo, pero claro, no se lo íbamos a contar al electricista, lo mismo nos toma por locos.

Como somos buenos compañeros de piso, por navidades le regalamos una sábana nueva a ver si así lo veíamos, pero la dejo en el armario y jamás se la puso, lo mismo no le gustó. Aunque después del regalo nos dejo tranquilos unos meses. La última travesura de nuestro amigo fantasma es jugar con la luz de la escalera, que funciona cuando quiere. Aunque no se olvida de abrirnos alguna puerta o ventana si tiene calor y no nos hemos enterado. Lo peor los sustos que nos da, aunque al final te acostumbras a todo.

Un beso…