Las tribulaciones de Joseba: 39,5 sobre la nieve

Una vez más @kepasa29 me lo dejo complicadico en el último capítulo que publico en su blog Sobrados Motivos, ¿Que no lo leísteis? ¡No me lo puedo creer! pero si estuvo súper interesante, venga echarle un vistacico a Carpe Diem antes de seguir leyendo…

Bien, ahora que ya estáis puestos al día, os habréis dado cuenta que la cosa esta complicadilla…

¿Donde han ido el tío Jon y Ander? ¿Volverán a casa?

¿Por fin habrá acercamiento entre Ainhoa y Xabier?

¿Ainara jugará con sus muñecas súper guays que le trajeron los Reyes?

¿Y Joseba, en que estara pasando nuestro protagonista?

No os hago esperar más, vamos a ver como están todos y que tal han pasado esta semanita gélida…

 

Capítulo IX: 39’5º Sobre la nieve

Me desperté con el silbido del viento en la calle, me revolví en la cama y note a Ikatz como se acomodaba en mis pies, había hecho tanto frío estos últimos días que el gatito se metía debajo de mi edredón cada noche y dormía hecho un ovillo cerca de mis pies. El despertador de la mesilla marcaba las seis de la mañana, era demasiado pronto hasta para mí así que volví a cerrar los ojos e intentar dormir, pero no podía, el viento soplaba demasiado fuerte… Ikatz debió notar que no podía dormirme, note como se desperezaba y subía por mi cama ronroneando, cuando llego a la altura de mi cara empezó a lamerme con su áspera lengua. Desde luego, ni Ikatz, ni yo, nos íbamos a volver a dormir, así que decidí levantarme. Baje de la cama, busque las zapatillas y la bata en la oscuridad, hacia tanto frio, el aita decía que era mejor dormir sin calefacción, pero mi nariz helada no opinaba lo mismo. Ikatz me siguió hasta la cocina, me prepare un cola cao calentito y me fui al cuarto de estar, acerque el puff en el que se solía sentar Ainara hasta la ventana y después de subir la persiana la abrí, a la luz de las farolas se podía ver como todo estaba cubierto por una capa blanca y seguía nevando mucho. Estuve apunto de despertar a los aitas, a Ander, a Ainara y al tío Jon para que lo vieran, pero después de tomarme el cola cao estaba tan a gustito que quise disfrutar yo sólo de la experiencia… había sido una semana tan tensa, que no me importaba tener este momento de soledad, además, el ver como caía la nieve tenia algo relajante y que me hacia sentir bien y con la manta de la amatxo no pasaría frio con la ventana abierta…

Sin duda la semana anterior había terminado mal, con un portazo seguido de lloros de la ama y una cara larga del aita. No había pasado ni media hora desde que Ander se había ido cuando la ama cogió su móvil y empezó a llamarle una y otra vez para escuchar todo el rato “el móvil al que llama está apagado o fuera de cobertura” pero ella insistía y volvía a llamar, cuando el aita le quiso coger el móvil y tranquilizarla, la ama se fue a su cuarto y no dijo palabra. Ainara y yo nos refugiamos del chaparrón en el cuarto y estuvimos jugando a frio-caliente esperando que alguien nos llamara para cenar y sin atrevernos a salir a preguntar. Cuando sonó el teléfono de casa fue aita quien lo cogió:

-Hola María… -No podía escuchar la voz del otro lado del teléfono, pero sabía que era mi abuela María la que llamaba, el aita no dijo nada, un largo silencio mientras escuchaba y la ama se acercaba a donde estaba el aita, hasta que por fin contesto- Gracias María, sí, será lo mejor, hasta mañana.

-¿Qué te ha dicho?-La voz de la ama sonó brusca, dura, apremiante…

-Tranquilízate Ainhoa, están los dos en casa de tu madre, Jon ha ido directo allí y Ander le ha seguido, le han contado lo que ha pasado y les ha dicho que se queden hoy a dormir. Aunque les ha dicho que mañana por la mañana Ander tendrá que ir al instituto y venir a casa a comer. Y ella vendrá con tu hermano cuando los txikis estén en la ikastola para que hablemos los cuatro. Y a mi me parece lo mejor Ainhoa.

No escuché la voz de la ama, pero estaba seguro que no le haría mucha gracia la idea, yo no sabía porque, pero la ama y la abuela María no se llevaban bien, apenas íbamos de visita a su casa y no hablaban por teléfono casi nunca, así que el silencio de la ama, sonaba a resignación y a enfado con aita.

-Xabi, me acabo de dar cuenta, que Ainara y Joseba no han cenado y ni siquiera han salido de su cuarto… y mira la hora que es y mañana hay ikastola, voy hacer corriendo unos huevos fritos con salchichas para que cenen y se vayan a la cama, anda, diles tú que se pongan el pijama mientras. –la voz de la ama era un susurro, cansada, resignada, la misma voz que ponía Ainara cuando le habían pillado haciendo algo mal y sabía que le iba a caer bronca y no se iba a poder librar de ella…

Al día siguiente todo parecía normal en casa, quitando que Ander no andaba ocupando el baño porque no estaba, la ama nos llevo a la ikastola como siempre que le tocaba trabajar de tarde, y el aita se quedo en casa preparando más café para cuando volviera la ama.

Cuando volvimos de la ikastola el tío Jon y Ander estaban en su habitación y el aita en el cuarto de estar, la ama trabajando y así fue pasando la semana, en un silencio casi perpetuo que solo rompía Ainara con sus juegos y cuando a media tarde el aita nos llamaba Ainara y a mí para ensayar para las vísperas de Santa Agueda y nos daba un palo a cada uno y golpeábamos el suelo al ritmo de las coplas que ya sabíamos de años anteriores.

-Ya veréis que bien lo pasamos el sábado, iremos con él coro cantando por las calles y en los bares nos darán txistorra y algo para beber… -Al aita siempre le había gustado está fiesta, con nuestros palos golpeando el suelo decía que lo despertábamos del largo invierno y que así daría sus frutos y todo volvería a florecer… Aunque yo intuía que lo que más le gustaba era juntarse con su cuadrilla con la excusa de cantar por las calles.

La verdad es que sin darme apenas cuenta la semana había pasado, el viernes cuando salimos de la ikastola el tío Jon vino a buscarnos y nos llevo a la feria de San Blas.

-Venga Ainara, que prefieres, ¿Chupete o martillo? ¿Y tú, Joseba?

-¡Martillo! –dijimos los dos a la vez, estaba claro, que el martillo tenia mucho más caramelo que el chupete.

-Muy bien –el tío Jon sonrió y se dirigió al vendedor- póngame tres martillos, dos bolsas de rosquillas y seis tortas de txantxigorri por favor. –El vendedor se lo metió todo en la bolsa y le cobró, mientras nos íbamos el tío Jon empezó a hablar- Y con todo lo que hemos comprado estaros seguros que esté año ninguno vamos a tener anginas, porque estos dulces de San Blas, son mano de santo para la garganta.

-Tío Jon, la ama dice que eso es una tontería. –le dijo Ainara

-Bueno si es una tontería dame el martillo que ya me lo como yo…

-¡No! La ama dice que es una tontería pero está muy rico el caramelo… -Los tres reímos y seguimos chupando los martillos… ¡Qué ricos eran y como pringaban todo!

El sábado la ama nos vistió de baserritarras en silencio y dijo que ella no iría a los coros que hacía mucho frío y que nosotros tampoco deberíamos ir, pero el aita, dijo que eso no era discutible, que a las vísperas de Santa Agueda se iba y punto, y que sí ella no quería pues se lo perdería pero que nosotros íbamos.

¡Qué bien lo habíamos pasado! Bailando en kalejira, cantando a pleno pulmón, golpeando el suelo con todas nuestras fuerzas al ritmo de los bertsos y comiendo un montón de txistorra y morcilla. Y que contento estaba el aita, como se reía con sus amigos, como bromeaba con ellos mientras bebía sidra y nos enseñaba a echarla desde muy arriba, aunque la mitad iba directa al suelo y Ainara y yo estallábamos en carcajadas y el aita hacia que se enfadaba pero luego reía con nosotros. Ese era nuestro aita, siempre riendo y contento, aunque hiciera tanto frío que los charcos estaban congelados, él disfrutaba de todo y nos decía:

-El frío nos lo quitamos bailando y cantando. Venga iros con la kalejira, ya veréis como entráis en calor.

No era muy tarde cuando llegamos a casa, pero Ainara y yo estábamos tan cansados que nos fuimos a la cama directos después de darle un muxu a la ama y contarle rápidamente lo bien que lo habíamos pasado. La ama nos sonrió:

-Estáis helados, anda poneros el pijama y a la cama directos.

Mientras nos poníamos el pijama y nos metíamos en la cama escuche como la ama le decía al aita:

-Ander me ha dicho que llegará a la una y Jon se ha ido a cenar con su cuadrilla. ¿Por qué no aprovechamos y vemos una peli tranquilos?

-Lo siento Ainhoa, pero estoy tan cansado como los txikis, yo también me voy a la cama –la voz de mi aita, sonaba cansada de verdad, pero yo le había visto hacía cinco minutos lleno de vitalidad y alegría, era como si lo que le había cansado era llegar a casa.

Me dormí muy pronto y estaba claro que por eso me había despertado tan pronto, y aun no amanecía y seguía nevando en la calle… Ikatz se había acomodado en mi tripa y yo seguía mirando por la ventana se estaba muy a gustito… tanta tranquilidad… tanto silencio solo roto por los ronquidos del tío Jon y de Ander, ¿cómo podían conseguir dormir?

De repente, sentí una mano en mi frente y escuche la voz de la ama:

-¿Joseba, pero que haces aquí? ¡Con el frío que hace! ¡Estás ardiendo! –la voz de la ama sonaba cada vez más lejana y preocupada, ¿pero había visto como nevaba?

-¿Ama, has visto como nieva?

-¡Xabi! ¡Xabi! ¡Joseba esta ardiendo! –Quería decirle que no, que tenía frío pero, algo me impedía hablar y abrir los ojos, ¿cuando me había dormido? Si había estado viendo como nevaba…- ¡Xabi! Mételo en la cama mesedez, yo voy a buscar el termómetro…

-¡Lo que pesa este niño! Sí que está ardiendo, ¿pero Joseba, desde cuando estas en el salón? ¿Cómo se te ha ocurrido abrir la ventana con el frío que hace? –El aita me había metido en la cama y me había tapado… -Ainara, anda, ve a la cocina, será mejor que no estés cerca de Joseba…

-Aita, quería ver nevar… cogí la manta de la amatxo… -intente explicarle

-Joseba, nevar… Tienes unas ideas… Anda que te ponga el termómetro… -sentí como el aita me ponía el termómetro y como la ama se sentaba en la cama y me acariciaba la cabeza y la mirada preocupada de la ama me daba ganas de llorar.

-Ama, estoy bien, solo quería ver nevar… no me pasa nada…

-Calla Joseba… no hables, el medico vendrá enseguida… ¡39’5 de fiebre Xabier! ¿Pero este niño en que estaría pensando para abrir la ventana con el frio que hace?

-No lo sé Ainhoa, solo dice que quería ver nevar… -las voces de la ama y del aita sonaban tan lejanas… quería abrir los ojos pero me pesaban los parpados, era como si todo en mi pesara, me costaba respirar y me dolía todo. Pero que bonito había sido ver nevar y que bien se estaba con Ikatz cerquita, si ya estaba a mi lado, ese gatito negro no se separaba de mi y que calentito estaba, con el frío que tenía yo.

4 pensamientos en “Las tribulaciones de Joseba: 39,5 sobre la nieve

  1. Kaixo mitxoleta!
    Me ha encantado el capítulo, te ha quedado bordado.
    Además quien lo iba a decir, ha coincidido con el temporal siberiano que tenemos encima… habías hablado con los meteorologos? 8)
    Parece que las aguas vuelven a su cauce, aunque me da la impresión de que algo está ocurriendo con Ainhoa.
    Como siempre, me lo dejas a pedir de boca para seguir el siguiente post eh?… al reves te hablo para que me entiendas.
    Solo espero poder estar a tu altura.
    Muxu haundi!
    Oso ondo benetan!

    • Kaixo laztana!

      Mila esker, me encanta que te haya encantado y tal 😛 jejeje!

      Lo del tiempo, acaso lo dudabas?? yo encargue el frio este siberiano solo para que mi post quedara perfecto 😛 jajajaja! soy así de malosa y egoísta q me da igual que nos muramos de frio siempre y cuando pegue el tiempo con mi post… ¿o fue al revés y el frio me inspiro el capítulo? jajaja! nunca lo sabrás! 😛

      Reconozco que siento placer secreto en complicarte la vida con tribulaciones 😛 jajajaja! y lo de la altura… esto.. creo recordar que tú eres más alto que yo así que ya me subiré a una escalera para estar a tu altura 😛

      Muxu handi laztana!!!

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