La mesa al fondo del bar

Este solía ser un sitio tranquilo, al menos a la hora del café de la tarde, a la noche era diferente, pero a la hora del café era un lugar tranquilo, al menos hasta aquel día. Tal vez por la primavera que la sangre altera varías parejitas se besaban y mimaban en los cómodos sillones de pub, en otra mesa unos cuantos amigos discutían de lo divino y lo humano sin llegar a ningún sitio, defendiendo cada uno sus ideas con entusiasmo, pero sin perder la sonrisa. En una pequeña mesa escondida de las miradas dos chicas hablaban tranquilamente, contándose algo muy interesante, porque nada de lo que ocurría a su alrededor parecía distraerles o molestarles, incluso tardaron en darse cuenta que la camarera estaba esperando a que pidieran. La música también demasiado alta para esas horas, camuflaba todas las conversaciones de oídos indiscretos.

Y en la misma mesa de todos los días, al fondo del bar, estaba él. Aquel señor llegaba al pub invariablemente cada día a las doce del mediodía, se sentaba en la aquella mesa del fondo y pedía “Un café descafeinado de cafetera muy caliente por favor”, repetía esa frase cada hora hasta las 8 de la tarde, cuando se levantaba y se despedía del camarero o la camarera de turno con un “hasta mañana, buenas noches tengas”.

Ninguno de los camareros recordaba cuanto hacia que venía aquel señor, todos conocían su nombre Don Santiago, aunque él prefería que le llamaran Santi y así se lo repetía cada día a los camareros. Juan, el camarero que más tiempo llevaba en el pub aseguraba que Don Santiago ya iba por allí cada día cuando a él le contrataron hacía ya 25 años, y que por entonces todavía no tomaba café descafeinado, aparte de eso, nada había cambiado en la rutina de Don Santiago en esos años. Ninguno sabía si tenía familia, o donde pasaba los domingos y fiestas de guardar que el pub cerraba. Lo único que sabían era que nevara, lloviera o hiciera un sol radiante, Don Santiago se sentaba en su mesa al fondo del pub y observaba tranquilamente lo que ocurría a su alrededor.

Un día Don Santiago no volvió, aunque el pub estaba de bote en bote, nadie se sentó en aquella mesa del fondo. Pasaron los días y no volvió nunca a ocupar aquella pequeña mesa del fondo que seguía esperándole, como si hubiera una norma no escrita que no permitía ocuparla.

Los camareros del lugar hicieron intentos de averiguar algo sobre su paradero, pero no sabían a quién acudir, aunque todo el mundo sabía quién era Don Santiago, nadie conocía absolutamente nada de él. Don Santiago desapareció, silencioso y misterioso, como había aparecido tantos años antes por la puerta de aquel bar. Y justo entonces comenzó la leyenda de Don Santiago.

Alguien conto que Don Santiago en su juventud se había enamorado de una muchacha de su pueblo, pero que pobre como era el padre de ella impidió su boda. Intentando hacer fortuna se embarcó en un pesquero y durante años recorrió los siete mares. Cuando volvió a su pueblo natal la muchacha ya no estaba, habían amañado su boda con un comerciante de un pueblo cercano, Don Santiago que no podía creerlo fue aquel pueblo y busco a la muchacha entre sus vecinos, pero no la encontró, lo que halló en una ventana, fue la sombra de la mujer que él amaba, unos ojos triste e hinchados de llorar cada noche, una mueca triste, donde antes estaba tatuada una sonrisa única en el mundo y tampoco quedaba nada de aquella luz que recordaba, alguna vez esa mujer que se asomaba a la ventana mirando al mar había sido su amada pero no quedaba nada de ella, entonces ella le miro, y volvió a iluminarse su rostro, a brillar sus ojos y a dibujarse esa sonrisa que conocía también, por un segundo su amada apareció apoyada el alfeizar de la ventana, justo antes de desaparecer tras las cortinas. Triste Don Santiago, volvió sobre sus pasos y embarco de nuevo y no se supo más de él, hasta que muchos años después, cruzó la puerta de aquel bar.

Tal vez, está no fue su historia o tal vez sí, lo que es seguro es que aquella mesa al fondo del bar, nunca volvió a ocuparla nadie.

Marinelaren zai. Sorotan Bele. (subtitula en castellano)

4 pensamientos en “La mesa al fondo del bar

    • Hola Chema 🙂

      Muchas gracias!!!!!!! de verdad te ha gustado?? que guay viniendo de ti :)) muuuaakkss!

      al correo?? ups! pues ni idea…. mmmm tendré que preguntar a mis aliados en esto del blog… vamos a los dos que me ayudan siempre, jejejeje!

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