Mario y Lucia I

adsa Lucia estaba a punto de cumplir 14 años cuando decidió entrar en un grupo de teatro con sus amigas. Le atraía el ambiente, las promesas de giras veraniegas y conocer a gente nueva. Así que un día llamaron al teléfono que les dio un conocido para ver si podían entrar, y no les pusieron ninguna pega, les dijeron que pasaran por el ensayo en miércoles siguiente, y así lo hicieron. Resulto que los ensayos no eran en el barrio, si no en un pueblo cerca y uno de los componentes del grupo se ofreció a llevarlas en el coche, así conocieron a Mario, un chico que acababa de cumplir los 20, que durante los siguientes años, sería de alguna manera su taxista. El primer día que vino a buscarlas, ellas se habían jugado a piedra, papel, tijera quien iría sentada adelante, no le conocían y se morían de la vergüenza. Por mala suerte le toco a Lucia montarse junto a él. Ese primer viaje, marco para siempre los lugares que ocuparían en el coche y probablemente también todo lo que ocurrió después.

Los ensayos eran los miércoles a la noche y los sábados después de comer, los miércoles quedaban en el barrio alto donde ellas vivían y les cogía a todas a la vez, pero los sábados, Lucia comía en el barrio bajo, en casa de su abuela, cerca donde vivía Mario, así que antes de subir al buscar a las demás pasaba a por ella, en esos minutos en los que estaban solos, fue donde empezaron a coger confianza, a hablar de todo y a sentirse raros. Aquel verano representaron la obra de teatro por varios pueblos y muchas veces aprovechaban y se quedaban a pasar la noche todo el grupo. Lucia y sus amigas todavía eran demasiado jóvenes, pero convencieron a sus padres con la escusa de que los demás componentes del grupo eran mucho mayores que ellas. Así que, casi todos los fines de semana iban a algún pueblo, representaban la función, y luego se quedaban de fiesta hasta el día siguiente. Y claro ellas felices se lo pasaban en grande con el grupo, que aunque eran mayores que ellas nunca les trataron como a niñas. El verano se iba acabando y llego la última representación en un pueblo de la montaña y allí celebraron todos juntos también el cumpleaños de Lucia, 14 veranos. Mario le regalo una canción que les gustaba mucho a los dos, más bien, se la dedico en la verbena del pueblo y desde ese momento siempre fue su banda sonora particular. En aquel pueblo Mario se encontró con una chica catalanadasfsafa que veraneaba allí todos los años, y que ya conocía de otros años, aunque nunca había pasado nada hasta entonces. Sin embargo a la mañana siguiente, mientras volvían Mario le conto a Lucia que esa noche si había pasado, que se habían liado en la casa de ella. A esas alturas, Lucia estaba totalmente enamorada de Mario, aunque era consciente de que ella era una cría y él era mayor, y se imaginaba que lo que sentía era un amor platónico, de esos imposibles, así que en realidad no le importo, al contrario se sintió alagada al ver que confiaba en ella para contárselo, y no en nadie más.

El curso volvió a empezar y los ensayos se reanudaron, había mucho que preparar, una nueva obra  para el verano siguiente. Lucia y Mario siguieron viéndose dos veces por semana. Ya se había convertido en una costumbre el dejarla a ella la última en casa y quedarse hablando un buen rato en el coche, se lo contaban todo. Hasta el punto que un día Lucia estaba en clase y se le ocurrió algo que no le había contado a Mario y se puso a escribirle una carta, contándole lo que había olvidado decirle, cuando llego el miércoles se la dio y el sábado siguiente él apareció con una carta, así, de la forma más tonta, comenzaron a mantener una conversación infinita en sus cartas, los miércoles ella le entregaba una carta y los sábados Mario le daba la suya a Lucia. En esa conversación eterna por carta 34973716_1Mario se ofreció a darle clases particulares de física, química y mates a Lucia,  la verdad es que ella no necesitaba clases, sacaba dieces en todas las ciencias en general, pero no dudó en decirle que sí. Empezaron a quedar los martes y jueves por las tardes, hacían algún ejercicio y enseguida dejaban los libros y hablaban durante las dos horas que se suponía que duraba la clase. Lucia nunca supo porque Mario se había ofrecido a darle clases, ya que conocía de sobra sus notas y él tampoco entendió como ella acepto tan rápido a sacrificar dos tardes enteras de su ocupada semana. Así estuvieron durante los dos años siguientes, estudiando juntos en invierno y yendo de gira con el grupo de teatro en verano.

Al final del verano en el que Lucia cumplía los 16, la gira les volvió a llevar al pueblo donde veraneaba la chica catalana, volvieron a celebrar allí su cumpleaños todos juntos, y Mario como cada año le regalo esa canción que tanto les gustaba. La noche avanzaba, la cerveza y la sidra corrían por la plaza del pueblo y todos bailaban y reían sabiendo que hasta el verano siguiente no volverían a hacerlo juntos. Los más mayores del grupo vacilaban a Mario con la chica catalana, le decían que este año lo conseguía y él que odiaba hablar de su vida amorosa, se callaba, ponía mala cara y miraba a Lucia pidiéndole ayuda. Lucia cambiaba de tema e intentaba que no se centrara en eso la conversación, no porque a ella le molestara,  tenía claro, que jamás llegaría a ser más que un buen amigo y un amor platónico, si no por ayudarle a él, que estaba incomodísimo. Era de madrugada cuando todo estallo de repente, ella estaba helada y quería las llaves del coche para coger la chaqueta y se acerco donde estaba Mario para pedirle las llaves, justo cuando él bailaba con la catalana. Entre la música y el bullicio de la gente él pensó que Lucia venía a vacilarle y le soltó: “¡Me lo podía esperar de cualquiera menos de ti! ¡Tú que lo sabes todo!” Lucia se quedo parada, en medio de la plaza, de repente se dio cuenta que no había música, porque las canciones siempre se acaban cuando no deben, se volvió y se alejo sin decir nada, pero con lagrimas en los ojos. Mario tardo un segundo en darse cuenta de su error, pero ya era tarde, Lucia estaba rodeada po

r sus amigas y los demás compañeros del grupo y ni siquiera intento acercarse a ella. Sólo alargo el brazo cuando alguien le pidió las llaves del coche para acompañar a Lucia. Ella ya no tenía ánimo para estar de fiesta, y les pidió a los demás que la dejaran sola, que se quedaría en el coche un rato y que luego volvería a la plaza. En algún momento se durmió entre lágrimas y así la encontró Mario  no mucho después, dormida, con la cara roja de llorar y tiritando de frio, ni siquiera se había puesto la chaqueta, la tapo con una manta y le susurro que le perdonará al oído, pero ella no le escucho. Los primeros rayos dsfadfade sol les despertaron a los dos muy pronto, Mario volvió a pedirle perdón, y fue a buscar a los demás pero ya se habían ido. Así que decidieron volver, mientras recorrían los pocos kilómetros que había hasta su ciudad, ninguno de los dos dijo nada, Mario puso una y otra vez esa canción que habían hecho suya, intentaba comenzar una conversación, con palabras de disculpa, pero no obtenía ninguna respuesta.  Pararon a tomar café y por fin Lucia se decidió a hablar, le explicó lo que quería la noche anterior, cuando fue a buscarle y que jamás le hubiera vacilado con ese tema. Y luego zanjó la conversación diciendo que no quería volver a hablar del tema, que un error lo tenía cualquiera. Se despidieron y antes de bajarse Lucia del coche, Mario le besó en los labios. Se miraron y no dijeron nada.

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