Una historia como otra cualquiera…

Hace ya dos años que comenzó la historia que hoy te voy a contar, es una historia que no tiene final, en realidad es algo que sólo acaba de empezar.

Por aquel entonces ella estaba mala, tenía una mononucleosis que aunque leve le obligo a estar de baja durante cuatro meses y así se cruzaron sus caminos. Él fue quien le sustituyó en el trabajo, y tras varias semanas las llamadas de los viernes para dar el parte médico se convirtieron en una costumbre. Ella se sentía un poco culpable, por su enfermedad, él debía hacer horas que no le correspondían, e insistió en que cuanto se curará tomarían un café juntos. Grandioso fue el viernes en que por fin le dieron el alta y fue liberado de sus horas extras, aunque no le duro mucho lo bueno al pobre, y siguió trabajando demasiado.

Llegó el momento de ese café, se sentaron en una mesa en un bar Australiano cerquita de las villavesas. Lo cierto es que en esa mesa pasó algo extraño, mágico, increíble, algo que nuestros protagonistas entonces no lo sabían, pero que les unió por lo menos hasta el día de hoy. Aquella primera conversación fue sobre música, sobre ellos, un poco de todo, vamos una primera conversación cualquiera. Sin embargo fue suficiente para que los dos buscaran la compañía del otro. Extrañamente ella iba más por la oficina donde él trabajaba, salían juntos a fumar y a charlar. Como ya he dicho, no le duro mucho la tranquilidad en su curro y pronto empezó a hacer otras sustituciones, casualmente en el mismo colegio que ella, aunque a decir verdad, el que estuvieran o no juntos en el mismo centro, no impedía que casi todos los días mal comieran en Esperandote. En esas comidas fue donde casi sin darse cuenta se lo contaron todo, se conocieron de verdad, se empezaron a querer. Esos días él tenía problemas en el trabajo, hablaron de ello, y ella lo apoyo sin pensarlo, porque en realidad creía que él tenía razón, que era una injusticia todo lo que estaba pasando. Al final, él se quedo sin trabajo, pero, como son las cosas, la enfermedad de ella y los problemas de trabajo de él, les unieron, y es que como diría mi abuela, no hay mal que por bien no venga.

Sin trabajo, tuvo que volver al pueblo para trabajar en verano, y durante unos meses, dejaron de verse tan a menudo como siempre, pero hay lo que se alegraron las compañías telefónicas!!!! Como cada año el verano pasó y todo volvió a su ser. Él volvió a Iruña, y se volvieron a ver con regularidad y nada había cambiado, nada, excepto que cada día sus vidas estaban más entrelazadas, más inseparables…

Un domingo cualquiera de enero ella se entero de algo, se puso triste y lloro. Como si de telepatía se tratara en el momento justo llamo él, la invito a su casa y entre acordes de guitarra y canciones devolvió la sonrisa a su amiga en la penumbra del cuarto de estar de su casa. Una vez más esas vidas que apenas hacia un año se habían cruzado se enredaban más y más.

Sus conversaciones eran intimas, ya no había secretos entre ellos, se complementaban perfectamente, compartían aficiones, se reían, hablaban y bueno, entre ellos todo era especial. Parecía como si el destino jugara con ellos e irremediablemente les uniera en el camino de la vida.

Cierta noche a lo tonto se emborracharon junto a otros amigos, bailaron, rieron, como siempre, no les costaba, sin saber cómo, de repente se besaron… locura momentánea supongo, o simplemente era algo que debía ocurrir, la aparición de alguien en escena, paro la locura, ¿para bien o para mal? Eso no se sabrá nunca. Pero nada cambió entre ellos, aun se ríen cuando lo recuerdan y se preguntan qué hubiese sucedido de haber continuado, si esa persona no habría interrumpido.

Últimamente cada fin de semana él duerme en casa de ella, singuen contándose sus cosas, singuen diciendo palabras que no dicen a otras personas, comparten un sillón, una manta y su amistad, porque al final, esto es una historia de amistad, algo que casi siempre es más mágico que el amor, porque la amistad esta siempre ahí, porque es más pura, la amistad es al fin y al cabo, entregar a alguien todo tu ser, entregar tu amor, tu cariño, sin pedir nada a cambio. Y eso nuestros dos protagonistas lo han conseguido. Y casi, diría yo, que lo conseguirán siempre…

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